Artemisia Gentileschi fascina en Londres

Con seis meses de retraso, la National Gallery celebra su primera gran muestra individual a una mujer. Artemisa Gentileschi, por supuesto

Se la ha comparado con Frida Kahlo por lo autobiográfico de su obra y los tintes reivindicativos e inclso terapéuticos de sus pinturas y hasta con Beyoncé como heroína feminista. Inteligente, fuerte y con enorme talento, Artemisia Gentileschi logró ser reconocida como artista ya en el siglo XVII y en un mundo del arte dominado por hombres.

Con su propia voz y su propio estudio, Artemisa (Roma, 1593 – Nápoles, 1653), hija del también pintor Orazio Gentileschi, fue la artista más influyente de su época, que cosechó hitos como el ingreso en la hasta entonces inaccesible para las mujeres Academia de las Artes y del Diseño de Florencia en 1617. Vivió en Roma, Florencia, Venecia, Napóles y también Londres, donde acompañó a su padre entre 1638 y 1639 mientras este era pintor de la corte de Carlos I mientras trabajaba para la nobleza inglesa, y era capaz de dirigirse por carta a un cliente con un “Le mostraré a su Ilustre Señoría lo que puede hacer una mujer”, anunciándole el envío de un cuadro.

Reconocida en su época

Desafiando cualquier convención y expectativa, trató temas tradicionalmente reservados a los artistas masculinos y mostró en sus obras mujeres con una amplia gama de facetas; especialmente fuertes y violentas, como en su conocida versión de Judith decapitando a Holofernes.

Comparada con Caravaggio y tras lograr prestigio y reconocimiento en su época, Artemisia Gentileschi ‘desapareció’ después de la historia del arte durante más de 300 años

Cierto es que, a diferencia de sus colegas masculinos, tras su muerte cayó en el olvido por un imperdonable periodo de más de 300 años, hasta las primeras décadas del sigo XX, si bien a finales de ese siglo ya era considerada una artista de culto.

También que su obra ha sido a menudo analizada a la luz de sus propias vivencias, especialmente la violación, cuando tenía 18 años, en 1611, por parte de un amigo de su padre, el también pintor Agostino Tassi, y un lago y extenuante juicio en el que la artista fue sometida a un brutal escrutinio -hay cosas que no han cambiado ni en cuatro siglos- e incluso tortura, la fórmula conocida como sibilli, un sistema de cuerdas enrolladas alrededor de los dedos que se iban apretando hasta dañar las falanges. ‘È vero è vero è vero’, grita ella mientras es torturada.

Judith decapitando a Holofernes. Foto Galleria degli Uffizi.
Judith decapitando a Holofernes. Foto: Galleria degli Uffizi.

Feminista de pinceles

Aunque el violador fue condenado -no llegó a cumplir la condena de alejarse de Roma que se le impuso-, el escarnio recayó en la mujer y en el honor de su familia. Entonces, dicen los historiadores del arte, decidió tomarse la venganza a con sus pinceles.

La muestra del National Gallery incluye la obra de Artemisia Gentileschi de sus fondos -algunas de las 23 obras de mujeres en un catálogo de 2.300 piezas- así como de otras colecciones públicas y privadas. También la transcripción original del juicio, prestado por el Archivio di Stato, Roma, que por primera vez se expone al público, a pesar de ser ampliamente mencionado en los estudios sobre su obra. Está abierto, precisamente, por las páginas del lunes 14 de mayo de 1612, cuando tiene lugar la tortura que logra convencer al juez de la veracidad de la acusación.

Susana y los viejos, 1610. Foto © Kunstsammlungen Graf von Schönborn.
Susana y los viejos, 1610. Foto © Kunstsammlungen Graf von Schönborn.

Comisariada por Letizia Treves y Sarah Sasson, la exposición incluye obras como su Autorretrato como santa Catalina de Alejandría, (1615-17), quizás su propia identificación con la mártir, que prefirió morir decapitada antes que casarse con el emperador Majencio; Susana y los viejos, interpretada también como un rechazo al acoso y la violación y pintada cuando tenía solo 17 años; Judith y su sirvienta, y dos versiones de su “icónica y visceralmente violenta” según la galería, Judith decapitando a Holofernes.

También se muestran Autorretrato vestida de Pintura, otra de sus obras más famosas, El nacimiento de Juan Bautista (prestada por El Prado), y cuadros que presentan a heroínas de la historia y de la Biblia, pero también cartas personales (llegó a mantener una correspondencia epistolar con Galileo Galilei, entre otros artistas e intelectuales de su época en Florencia).

La obra de esta “ heroína protofeminista, la abeja reina del empoderamiento femenino: la Beyoncé, si se quiere, de la historia del arte”, según el crítico Alastair Sooke de The Telegraph, podrá verse en la National Gallery hasta el próximo 21 de enero.

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