Anna-Eva Bergman: la artista que retrata el alma de las piedras

El Museo Reina Sofía presenta una muestra de esta artista que logró unir el paisajismo con la abstracción, con Noruega y España como fuentes de inspiración

¿Es posible capturar el ritmo de un paisaje? ¿Retratar el vertiginoso paso de un río, el paso de la luz en una pared, la eterna espera de una roca? Influenciada por las líneas maestras de la Nueva Objetividad y la abstracción, la artista noruega Anna-Eva Bergman buscó un nuevo lenguaje para su arte. Y lo consiguió.

De eso se trata la muestra De norte a sur, ritmos, que el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía organiza en el Palacio de Velázquez, en el Parque de Retiro.

Nunatak or II, con hojas de metal en una tabla de madera. Foto: Colección Per amor a l'art
Nunatak or II, con hojas de metal en una tabla de madera. Foto: Colección Per amor a l’art

La exposición se inaugura este 22 de octubre y estará abierta -gratis- hasta el 4 de abril. La presentación se iba a realizar el 8 de mayo, pero tuvo que postergarse por la irrupción de la pandemia.

El ritmo como alma del arte

Bergman (1909-1987) consideraba que el alma de una pintura estaba en el ritmo. Para imprimirlo recurrió a una serie de materiales, como hojas de metal, pan de oro, cobre o plata con las que creó figuras geométricas o trazos de un elaborado azar.

La muestra del Reina Sofía explora las obras de Bergman en su búsqueda del ritmo en los paisajes, ya sea en un haz de luz o en la silueta de las rocas

Además la artista los añadía sobre gruesas capas de pintura o los barnizaba, para cambiar su aspecto y lograr una mayor densidad.

Nuit Arctique, el paisaje ártico según Bergman. Foto Fundación Hartung-Bergman
Nuit Artique, el paisaje ártico según Bergman. Foto Fundación Hartung-Bergman

Los diferentes ángulos de luz le daban a sus obras diferentes maneras de ser percibidos, y este es el ritmo que ella buscaba transmitir al espectador.

El giro a la abstracción

En los años ’50 su arte cambió radicalmente cuando se volcó de lleno en la abstracción pictórica, donde elípticamente permitía adivinar los motivos que eran referencia de sus obras: la naturaleza, la mitología escandinava a través de las piedras, las montañas y las barcas, así como la luz tenue de los paisajes de Noruega.

La exposición es un viaje por la fascinación de la artista por diferentes rincones de España y de su Noruega natal

En el museo español se podrá ver el diálogo que Bergman construyó entre sus impresiones de los parajes de Escandinavia con las tierras españolas, un viaje entre el norte y el sur que realizó en varios momentos de su vida.

L'Or de vivre, con hojas de metal sobre papel. Piedra de Castilla 6. Foto Fundación Hartung-Bergman
L’Or de vivre, con hojas de metal sobre papel. Foto Fundación Hartung-Bergman

Pasión por España

En 1933 se instaló un año en Menorca con su pareja, el artista franco-alemán Hans Hartung, y un par de décadas más tarde quedó fascinada con los paisajes andaluces tras una estancia en el municipio de Carboneras, en Andalucía, en los años ’60.

Las rocas fueron otro de sus motivos recurrentes, una pasión que se inició en Noruega en 1951 y que retomó en 1970 tras recorrer largas distancias por la Península Ibérica.

Fruto de ese viaje es su serie Piedras de Castilla, donde también recurre a las fotografías como apuntes de viaje; en que los paisajes son representados a partir de la distancia entre la pintura y lo que se percibe en el lienzo.

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