Pere Planells, el artesano ibicenco que rechaza la vulgaridad

Ibiza nunca será igual y tampoco él, alejado de la fiesta y los excesos, pero tajante en su compromiso con la autencidad, la belleza y la libertad

Era el año 1965. Llegaron a Ibiza unos beatniks americanos artesanos de artículos de piel y Pedro Planells, un chico sin oficio ni beneficio y melena hasta la cintura, se les acercó y observó. Le hizo un cinturón-faja de cuero a una chica inglesa y ahí comenzó todo. Sus siguientes pasos fueron en Manchester, donde conectó con la sociedad pudiente a raíz de aquella pieza única y fue otra mujer, Pat Bramley, con diversas tiendas en el país quien le propuso diseñar una colección de cinturones y ser su socia.

“Fue insólito, cuenta, porque yo no tenía ni idea, solo había hecho una pieza y todo había sido por casualidad. Ella se empeñó, fuimos a Birmingham a una fábrica de hebillas que trabajaba en exclusiva para el ejército americano y no nos querían vender, pero finalmente cedieron”. Pere Planells ya fue imparable.

Mientras, el alcohol, las drogas y el desfase le colocaron en el lado oscuro, pero siempre caía de pie, algo que a él mismo le sorprende.

Próxima parada: Londres

El Daily Mail le dedicó una página completa y el siguiente paso fue Londres, donde los mejores diseñadores de moda del momento le encargaron todos los complementos de piel.

Bolsos y capazos de cuero de Pere Planells en su tienda de Ibiza. Foto. Anna R. Alós.

Habían decidido que él era el mejor, lo encumbraron y entre sus mejores amigos estuvo Peter Lindbergh hasta que murió. “Yo me sentía un fraude, seguía sin saber nada.”

Desde lo que él llama ignorancia sus productos se expusieron en la cuarta planta de Harrod’s, en la mítica Way Inn, donde tuvo de primer cliente a Engelbert Humperdinck, el cantante melódico del momento, y pronto la cadena americana Saks reclamó sus productos.

De vuelta a Ibiza

Llegó el momento de volver a casa, a Ibiza, y abrió 8 tiendas en Sant Antoni. “Pero trabajaba demasiado y me di cuenta de que era una estupidez, así es que me quedé con una sola y empecé a diseñar botas de piel”. No era cualquier cosa, porque en los años 70 llevar botas de piel en verano era parte de un lenguaje sexy, de empoderamiento, palabra que ni siquiera se usaba entonces, aunque salieran ampollas en los maltrechos pies sometidos a temperaturas de pánico.

Planells guardaba en un cajón los patrones de los pies de las supermodelos de los 90, de Naomi Campell a Elle Macpherson, para quienes hacía zapatos a medida

“Gané demasiado dinero y sin esfuerzo, porque yo solo las dibujaba y me iba a Mallorca a que las fabricaran. Me recibían como a un dios porque yo solo vendía más botas que todas las tiendas de la isla”.

Sin equipo de marketing ni de comunicación, sin demasiados conocimientos, esquivando las balas tóxicas de sus vicios y con una suerte que reconoce, comenzó la marca que todavía existe, Pedro´s.

Los excesos

“Tenía que poner una catenaria en la tienda y un portero para que la gente entrara despacio porque aquello era una avalancha. Gané tantísimo dinero que hoy podría ser millonario”, dice. Pero no lo fue porque el dinero salía igual que entraba. Se iba en vicio y en fiestas.

Giorgio Armani homenajeó sus sandalias sobre la pasarela. Foto: Anna R. Alós.

“Cerraba el restaurante de Pachá cada día para invitar a 40 personas. Era un tiempo en que nos dábamos mucha caña, no teníamos medida. Casi todos mis amigos de aquella época están muertos, no sé por qué yo he sobrevivido pero aquí estoy y, sin embargo, era el que le daba más fuerte a todo, siempre al filo de la navaja”.

Y continúa “Hace más de 30 años que dejé el alcohol, empecé a fumar y a drogarme a los 12 años, pero hace solo un año murió un buen amigo de sobredosis y tuve una catarsis. Ahora estoy limpio de todo, con mis tubos de plata abandonados en los cajones y con un NO en voz alta cuando alguien busca complicidad para el vicio. Eso se acabó”.

«Armani se fijó en mis sandalias y años después las vi en Vogue firmadas por él. Me pareció un fantástico homenaje, fue un honor»

Pere Planells

Lo cuenta desde los 76 años cumplidos, ya no le queda melena pero conserva un cuerpo impecable, mirada sabia y ganas de vivir. “Tengo lo que quiero, una familia, una casa con piscina, mi Harley con la que me escapo, y la verdad es que pocas ganas de trabajar. No me importa hacerlo para mis clientes de siempre, pero ya nuevos no me interesan. He hecho de todo, así es que si me muero tampoco pasa nada”, dice tranquilo.

Zapatos para las top models

Pedro navegaba con el Sha de Persia y Fara Dibah. Juan Carlos I y la reina Sofía sucumbieron a sus bolsos y sandalias al igual que Goldie Hawn y Kathleen Turner (“mi símbolo sexual”, dice), Elisabeth Hurley o Richard Branson (“un tipo encantador”).

Pere Planells llegó a tener 8 tiendas en Ibiza; aún hoy mantiene una. Foto: Anna R. Alós.

En sus cajones guardaba, porque los ha tirado ya, los patrones de los pies de Naomi Campbell, Elle Macpherson y modelos de todas las épocas para sus zapatos a medida. El sheik de Quatar y Giorgio Armani le visitaban cada verano. De este último cuenta: “Me vio por la calle, se fijó en mis sandalias y años después las vi en Vogue firmadas por él. Me pareció un fantástico homenaje, fue un honor, ¡Armani copiaba mis sandalias!”.

Gadafi también estaba entre sus clientes. “Llegaba con los hombres de negro y sus pinganillos, paraban todo el tráfico y cerraban la tienda. Pero cuando me pidió descuento quise matarlo”.

La Ibiza que ya no será

Ibiza ha cambiado los últimos años. “Los ricos llevan relojes carísimos y ostentosos porque sus guardaespaldas llevan Rolex y los han de superar, la isla se ha llenado de millonarios incultos, gente nada interesante, aparecieron las lentejuelas y todo se ha vulgarizado”.

Además, añade “cortaron las calles del centro de la ciudad de manera que la gente debe llegar a pie a las tiendas y eso no lo entienden todos. Antes todos se mezclaban sin complejos y eso ya no pasa. Un día escuché a dos ‘marquesonas’ madrileñas decir ‘¿esto es la tienda famosa de Pedro?’ Pero si es un cuchitril. Yo desde dentro me reía”.

Los guetos han ganado la partida y en Ibiza ya nada es igual.

Para algunos, como este artista, es peor, menos libre, más encorsetada.

Mucho cuero en las estanterías y ni un pelo en la lengua, así es Pere Planells, el ibicenco famoso en todo el mundo por sus piezas de cuero que dice no a la vulgaridad.

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