Un libro (y una exposición) para sacarse el sombrero

El libro ‘Chapeau!’ es un fascinante viaje por los sombreros masculinos y femeninos de fines del siglo XIX y principios del XX, combinados con una exposición en una casa de alta costura en Barcelona

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.

El sombrero y su poder de alquimia sobre la moda

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.

Este accesorio, que fue prenda imprescindible durante siglos, que motivó revueltas como la de Esquilache y que se convirtió en una presencia ineludible en grandes personalidades (¿cuántos retratos hay de Napoleón sin sombrero?) vivió una época dorada entre fines del siglo XIX y principios del XX.

Un viaje por el mundo del sombrero

El glamour de esos años y su relación con el arte se presentan en el libro Chapeau!. De Casas y Picasso a Balenciaga y Pertegaz, escrito por Josep Casamartina i Parasols.

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.

“El sombrero es lo más parecido a la alquimia”.

Charo Iglesias y Nina Pawlowsky

La obra de este historiador y crítico de arte es la primera de España que profundiza la importancia del sombrero en la moda en esos años.

Cabe aclarar que el autor también es director de la Colección Antoni de Montpalau, una de las más importantes y completas de España sobre la moda del siglo XX, tanto nacional como internacional.

Cuenta con 16.000 piezas de indumentaria y complementos, además de tejidos, dibujos, fotografías y una abundante documentación.

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.
El autor Josep Casamartina y Luis Sans, propietario de Santa Eulalia

Los caminos masculinos y femeninos de los sombreros

Unos 250 sombreros de esa colección ilustran las páginas de este libro, donde se ve cómo los caminos de este accesorio se bifurcan: “los masculinos se acotaron de forma estricta, reduciendo el tamaño y controlando el cromatismo a una gama austera. Al sombrero femenino, en cambio, se le permitió campar a sus anchas por la imaginación más desatada”, describe Casamartina.

En este apartado se descubren chisteras como las que usaba Fred Astaire, bombines, sombreros de paja y boinas.

Pero la explosión creativa, como anticipa el autor, son los femeninos; entre las pamelas, los de campana, los casquetes, los turbantes, los pill box implementados por Cristóbal Balenciaga (quien opinaba que “el sombrero corona el edificio del vestido”), las boinas, los tocados y todo lo que dicte la fantasía en materias de combinaciones.

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.
Despliegue de sombreros en Santa Eulalia

Las grandes firmas

Esta libertad ha dado alas a multitud de talleres y artesanos, donde el triángulo de Barcelona, Madrid y San Sebastián tenían poco que envidiar a las creaciones de París y Lyon.

El trabajo y talento de creadores como Pilar Gabasa, Pedro Rovira, el citado Balenciaga, Manuel Pertegaz, Asunción Bastida, Pedro Rodríguez o Elena Catona y la  presencia de tiendas como Badía, Martí Martí, Marinette y Rius de Forns (que a punto de cumplir el centenario sigue abierta) llevaron los sombreros a categoría de obra de arte.

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.
Los sombreros llegaron a la categoría de obras de arte

El reflejo en el arte

Al ser una prenda tan arraigada en la moda (sea popular o exclusiva) de aquellos años, es lógico que el arte refleje el uso de sombreros en la sociedad.

Así se ve en los retratos de Ramón Casas, cuya percepción sería clave en el joven Pablo Picasso cuando se encontraban en la bohemia del café Els 4 Gats.

El pintor malagueño, incluso en la cumbre de su creatividad modernista, seguía pintando retratos con sombreros, que se adivina en los trazos etéreos en torno a los rostros con sus facciones desorganizadas.

“El sombrero corona el edificio del vestido”.

Cristóbal Balenciaga

Los sombreros también “fueron iconos singulares y característicos” del grupo Dau al Set, que entre 1948 y 1951 formaron Joan Ponç, Joan Brossa, Antoni Tàpies y Modest Cuixart; donde se le asignaban valores como el simbolismo del poder y dinero a la chistera.

Incluso una vez disuelto el grupo sus integrantes seguirían con esta iconografía a la prenda que corona las cabezas.

Un sombrero es más que un sombrero. Es tan potente su efecto de transformación sobre una mujer o un hombre que “es lo más parecido a la alquimia”, sentencian Charo Iglesias y Nina Pawlowsky, representantes de la Asociación de Sombrereros.
Los sombreros pertenecen a la colección de la Fundación Antoni de Montpalau

Exposición de sombreros de los ’40 a los ’70

La aparición del libro Chapeau! coincide con una muestra de 40 sombreros femeninos de las colecciones de alta costura de Santa Eulalia, una de las casas de moda más emblemáticas de Barcelona.

Esta tienda, abierta en 1843, presenta un despliegue de creaciones de los años ’40 y ’70 creado en sus talleres, y que pertenecen a la colección de la Fundación Antoni de Montpalau.

Esta exposición estará abierta al público en el local de Paseo de Gràcia 93, hasta el 3 de agosto.

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