Alaïa y Balenciaga: diálogo (y coincidencias inesperadas) entre genios de la costura

El museo Cristóbal Balenciaga enfrenta las piezas del genial modisto a las de Azzedine Alaïa, uno de sus primeros coleccionistas y, como él, un arquitecto de la moda

Tras presentar su última colección en mayo de 1968 a la que siguió el cierre de su firma el mes de julio, los diseños de Cristóbal Balenciaga dejan de ser simplemente vestidos para convertirse en piezas de colección cuyo valor, más allá del material y simbólico, es ya patrimonial.

Alaïa y Balenciaga. Foto: Javier Etxezarreta | EFE.

Tras presentar su última colección en mayo de 1968 a la que siguió el cierre de su firma el mes de julio, los diseños de Cristóbal Balenciaga dejan de ser simplemente vestidos para convertirse en piezas de colección cuyo valor, más allá del material y simbólico, es ya patrimonial.

Un joven diseñador tunecino por aquel entonces, de nombre Azzedine Alaïa, se convierte en uno de los más ávidos coleccionistas de sus creaciones, una pasión que extendió a lo largo de cuatro décadas y que hizo del suyo uno de los más impresionantes archivos privados.

Apasionado de la moda de las décadas de 1930 a 1950, Alaïa (1935-2017) acumuló cientos de prendas de Grès, Vionnet, Schiaperelli y, sobre todo, de Balenciaga (1895-1972), del que atesoró alrededor de 500 piezas. No era ningún secreto la admiración de Alaïa por el maestro de Getaria, al que consideraba “el más querido, el más apreciado”. Sí lo es, sin embargo, la cantidad de elementos compartidos, tanto en proceso creativo como en el diseño de ambos modistos.

Tras presentar su última colección en mayo de 1968 a la que siguió el cierre de su firma el mes de julio, los diseños de Cristóbal Balenciaga dejan de ser simplemente vestidos para convertirse en piezas de colección cuyo valor, más allá del material y simbólico, es ya patrimonial.
‘Alaïa y Balenciaga’ podrá verse hasta el 1 de noviembre. Foto: Javier Etxezarreta | EFE.

Una exposición en Museo Balenciaga de Getaria muestra ahora, a través de cien piezas, las “inesperadas coincidencias” entre estas dos grandes figuras de la moda, inmunes a las tendencias de la industria.

Balenciaga y Alaïa

«Ambos modistas compartían un equilibrio perfecto de medidas y volúmenes. De sus manos y mesas de trabajo, los vestidos nacían de la determinación y el dominio de la técnica que ambos manejaban magistralmente”, explica Olivier Saillard, comisario junto a Gaël Mamine de la muestra organizada por la Fundación Azzedine Alaïa en colaboración con el Museo Cristóbal Balenciaga.

Así, sus diseños atemporales dialogarán por primera vez mostrando un sorprendente número de elementos compartidos, tanto en el proceso creativo como en el diseño. “En la historia de la moda, estas dos grandes figuras silenciosas, inmunes a los efectos de las tendencias, han tenido mucho que decirse la una a la otra” apunta Saillard.

«Balenciaga siempre me ha influido. Sin duda, él es uno de los mejores modistas de todos los tiempos»

Azzedine Alaïa

Arquitectos de la moda

La exposición, de nombre Alaïa y Balenciaga. Escultores de la forma, ocupa seis salas expositivas del museo guipuzcoano, cuya colección permanente ha sido retirada para poder exhibir estas cien creaciones.

Tras presentar su última colección en mayo de 1968 a la que siguió el cierre de su firma el mes de julio, los diseños de Cristóbal Balenciaga dejan de ser simplemente vestidos para convertirse en piezas de colección cuyo valor, más allá del material y simbólico, es ya patrimonial.
‘Alaïa y Balenciaga’. Foto: Javier Etxezarreta | EFE.

Prevista para el verano pasado, la pandemia de covid-19 obligó a posponer esta exposición, inaugurada ahora por Olivier Saillard, la directora del museo, Miren Vives, y el consejero de Cultura del gobierno vasco, Bingen Zupiria.

La muestra hace realidad un deseo de otro gran diseñador, Hubert de Givenchy, quien poco antes de morir, en marzo de 2018, pidió al equipo del comisario francés que revisara los puntos en común entre ambos diseñadores.

Gyvenchy, que se refería a Balenciaga como «el arquitecto de la alta costura», falleció poco después de aquel encuentro, pero la exposición se materializó, primero en París, en la sede de la Fundación Azzedine Alaïa con alrededor de 80 piezas, y ahora en Getaria, donde ha sido ampliada con más creaciones, muchas de ellas inéditas.

Escultores de la forma

Según el comisario, la muestra se articula como un “diálogo” entre diseños: los de dos creadores que compartieron una visión arquitectónica de la moda y que huyeron de las normas que imponía la industria.

Tras presentar su última colección en mayo de 1968 a la que siguió el cierre de su firma el mes de julio, los diseños de Cristóbal Balenciaga dejan de ser simplemente vestidos para convertirse en piezas de colección cuyo valor, más allá del material y simbólico, es ya patrimonial.
‘Alaïa y Balenciaga’. Foto: Javier Etxezarreta | EFE.

Los dos couturiers comparten un equilibrio perfecto de medidas y volúmenes, una inclinación por los colores sutiles y los negros suntuosos, una arquitectura superior en sus abrigos y una búsqueda incesante para invisibilizar las costuras. La muestra refleja también hermosas diferencias entre un Azzedine Alaïa más cercano al cuerpo femenino y un Balenciaga que jugaba con los volúmenes precisamente alejándose de é

Entre las creaciones que se exhiben en Getaria –que, por primera vez da la bienvenida a un modisto distinto a Balenciaga- destacan piezas de sastrería, cóctel y noche. Un total de 48 de las prendas de Balenciaga que pueden verse en las vitrinas en esta nueva exposición, que se prorrogará hasta el 1 de noviembre, pertenecieron a Alaïa, 22 de ellas inéditas.

a.
Ahora en portada