‘Capturar lo invisible’: lo que Peter Lindbergh descubrió en la obra de Alberto Giacometti

Por primera vez fuera de París, una muestra en el Museu da Misericórdia de Oporto (MMIPO) reúne las esculturas de Giacometti y las fotografías en las que Lindbergh logró capturar lo que el ojo no ve

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.

Capturar lo invisible. Foto: WOW Oporto.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.

Esta escultura, realizada en 1960, marca posiblemente el punto culminante de su carrera y también de su representación de la figura humana. Su rostro apenas definido, su figura exageradamente larga y delgada inclinada hacia delante con los brazos pegados al cuerpo y una pierna adelantada con los talones qua parecen despegarse del suelo para iniciar la caminata retratarían las tensiones que marcan a cada ser humano en una sociedad repleta de conflictos y desafíos. Y, sin embargo, en movimiento.

Casi 60 años después, otro artista, en este caso el fotógrafo de moda Peter Lindbergh ofreció una nueva perspectiva de su obra. Invitado a retratar su obra en la Fundación Giacometti a las afueras de París, se enamoró perdidamente de sus piezas. Y logró arrojar nueva luz a las figuras de bronce sin pulir, a los cuerpos esqueléticos, a los rostros rugosos.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
El hombre que camina. Foto: Peter Lindbergh.

Cuando Lindbergh se enamoró de Giacometti

Por supuesto, Lindbergh no pudo ignorar una de sus obras más famosas, este Hombre que camina –inicialmente proyectado como parte de un conjunto de piezas ubicadas frente al Banco Chase den Manhattan y nunca finalizado-.

Fascinado por la obra y la personalidad de Alberto Giacometti, Peter Lindbergh fue invitado en 2017 a fotografiar la colección de la Fundación Giacometti de París

Durante la sesión, fotografió la pieza mientras caminaba hacia la derecha y hacia la izquierda de la escultura. El desplazamiento de la lente, así como el movimiento de las sombras proyectadas en la pared y en el suelo dieron un nuevo sentido al eterno movimiento del hombre en un conjunto de tres impactantes imágenes de gran formato que podemos ver hasta el próximo 24 de septiembre en el Museu da Misericórdia de Oporto (MMIPO).

Con el nombre de Capturar lo invisible, la muestra contrapone fotografías en blanco y negro con las obras originales de Giacometti precisamente en una invitación a “descubrir rasgos y detalles imperceptibles al ojo humano que las fotografías de Lindbergh permiten ahora observar”, nos cuenta el director del MMIPO, Pedro Nunes.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
Foto: WOW Oporto.

La idea de la exposición “nació de la invitación de la Fundación Giacometti a Peter Lindbergh para retratar toda la colección, en 2017”, apunta Nunes. Luego lo definiría como uno de los mejores días de su vida. El propio Lindbergh preparaba esta exposición cuando falleció en 2019.

La actual muestra en Oporto, comisariada por Charlotte Crapts, incluye 110 piezas, entre esculturas de bronce y dibujos de Giacometti seleccionadas por Lindbergh y trabajos del propio fotógrafo, y revela la notable similitud en la forma en que ambos representaron la realidad.

Es la primera vez que esta exposición conjunta se exhibe fuera del Instituto Giacometti de París (y la primera vez que las obras del escultor se muestran en Oporto), fruto de la colaboración entre la Fundación Giacometti, la Fundación Peter Lindbergh y el MMIPO.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
Foto: MMIPO.

Un diálogo a través de épocas y estilos

Potentes primeros planos y grandes impresiones rodean las piezas de Giacometti en el luminoso claustro del museo -un hermoso ejemplo de la arquitectura en hierro y vidrio de la ciudad- mientras Nunes nos hace notar aspectos de las esculturas imposibles de percibir a simple vista, con detalles y texturas que parecen cobrar vida.

“Una de las cosas maravillosas es detenerse en las expresiones: la magia es que las facciones parecen transformarse en las esculturas y las fotografías”, señala.

Una puerta nos conduce a la sacristía de la iglesia de la Misericordia, que forma parte de la institución. Un vídeo reproduce una de las sesiones de Lindbergh con supermodelos en Nueva York -es conocido por sus trabajos con Naomi Campbell, Cindy Crawford, Kate Moss o Linda Evangelista en la época de las top models en los años noventa-. “Aquí se confronta el arte contemporáneo con el arte sacro de un templo del siglo XVI; es una especie de provocación entre lo profano y lo sagrado”, apunta Nunes.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
Foto: WOW Oporto.

El acierto de la exposición, señala por su parte la comisaria Charlotte Crapts, “es la simbiosis entre el espacio, un lugar cargado de historia –el edificio, sede de la Santa Casa da Misericórdia de Porto, data del siglo XVI- y de arquitectura típicamente portuguesa, con el contenido de la exhibición, la mezcla de la cultura local y el arte internacional”.

Modelos y retratos

En el recorrido se aprecia el cuidado de cada detalle: “esta era una exposición muy importante para Peter”, continúa Crapts. Conocido internacionalmente por sus trabajos en el mundo de la moda, “nunca había fotografiado de la obra de otro artista, ni escultor ni pintor”. Tampoco la haría después.

Nos detenemos ante uno de los bustos de Annette, la mujer de Giacometti que inspiró más de 180 trabajos del artista. Las fotos de Lindbergh se centran en su mirada, que consideraba, como Giacometti, puerta de entrada para conocer la personalidad de sus modelos. Casi vemos cómo Annette cobra vida de nuevo bajo la lente de Lindbergh y parece sentarse para él como solía hacerlo para su marido.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
Foto: WOW Oporto.

Paseamos entre bustos de Diego, el hermano de Giacometti y otro de sus frecuentes modelos. Lindbergh creó con ellos composiciones particularmente vivas. A veces, durante las sesiones de fotos, tocaba la lente para crear movimiento, dando lugar a imágenes vibrantes y desenfocadas. “En las fotografías conduce nuestra mirada a una u otra escultura, ya sea porque es más luminosa, ya sea porque está medio escondida y, por lo tanto, resulta intrigante”, señala Nunes.

Al asociar obras de diferentes momentos de su trayectoria en sus composiciones, el fotógrafo establece un diálogo a través de épocas y estilos.

Capturar miradas

También desenfocado, como si estuviese en perpetuo movimiento, vemos el estudio que el artista tenía en Montparnasse, el barrio bohemio por excelencia de París, hoy recreado en el Instituto Giacometti, donde Lindbergh lo fotografió. “El movimiento oscilante de su foto capta la atmósfera vibrante descrita por innumerables visitantes al estudio”.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
Obras de Giacometti y Lindbergh. Foto: WOW.

Dejamos para el final el espacio en el que se contraponen fotografías de los trabajos profesionales de Lindbergh y dibujos de Giacometti. Los dos artistas dieron gran importancia a la figura humana y, especialmente, a la mirada.

En los retratos de Lindbergh de modelos como Naomi Campbell o Esther Cañadas emana un sentimiento de melancolía o fragilidad que se cuela precisamente por sus miradas. Los dibujos de Giacometti parecen ser el pretexto para apoderarse igualmente de las miradas siguiendo una obsesión que arrastró durante toda su carrera: “Al final, los ojos son el ser. Es el otro, soy yo quien se refleja” explicó el propio artista.

Jean-Paul Sartre dijo de las esculturas exageradamente delgadas de Alberto Giacometti que “Están a mitad de camino entre el ser y la nada”. Precisamente en una de sus obras más famosas, El hombre que camina, trató de retratar un momento tan concreto como inasible: aquel en el la forma humana empieza a disolverse pero sin desparecer totalmente.
Rooftop Museu da Misericordia. Foto: WOW.

Y, para terminar la visita, nada como subir a la azotea: desde el rooftop del MMIPO, donde se puede tomar un vino de Oporto, se obtienen también excelentes vistas sobre el casco histórico de la ciudad.

a.
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