Juan Garaizabal: la droga del arte

Escultura como inmortalidad, como arquitectura, como cambios o como provocación: así son las piezas de Juan Garaizabal instaladas en Toledo

El universo es la piedra sobre la que los humanos colocamos más piedras. Ese es el concepto sobre el que Juan Garaizabal trabaja su escultura, estrechamente ligada a ideas como inmortalidad, arquitectura, cambios o provocación. Con el título Piedra sobre piedra muestra en el museo toledano Colección Roberto Polo Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha tres de sus piezas de forma temporal.

La primera, en la misma puerta y en el exterior a la vista de todos los paseantes, es su interpretación de un templo romano soportado por capiteles y alrededor del que se puede caminar y escuchar murmullos de cristiano antiguo, árabe y hebreo, las 3 culturas que conforman la historia de Toledo.

Ya en el interior, en el claustro, se encuentran otras dos obras. Una, de acero y suspendida en el aire, reproduce el perfil urbano de esas mismas 3 culturas, mientras que la tercera es la Puerta Occidental de la Iglesia Bohemia de Berlín, un arco que reproduce en hierro el original.

Los 3 perfiles culturales de Toledo en acero: cristiano, hebreo y árabe. Foto: la_alos_influleches.

Garaizabal: adicción al arte

El idilio de Garaizábal con el arte comenzó un verano en el Museo Dalí de Figueres. “Fue mi primer contacto con un artista global y me fascinó. Estaba solo y me inundó, porque una obra no es el final sino el principio”, cuenta. Pero en realidad comenzó antes, con lo que su madre supo transmitirle desde muy niño y que fue básicamente la búsqueda por encontrar caminos inexplorados, la necesidad de buscar soluciones a cualquier dilema.

“Mi carrera artística es la continuación de algo que comenzamos los tres hermanos con ella, que era recorrer países de manera aventurera porque ella es así. Atravesamos África, recorrimos en Asia la ruta de la seda… No hay una frontera muy clara entre aquellos días y lo que ahora hago porque la del arte es una ruta en la que voy solucionando situaciones, camino descubriendo cosas y las voy haciendo mías. No podría vivir en el arte si no tuviera un componente de exploración”.

Reproducción del templo romano visto por Garaizábal. Foto: la_alos_influleches.

El arte de explorar

Lo que hace ahora Garaizabal es precisamente eso, explorar, en y desde sí mismo, su perspectiva del universo, del que dice es una gran roca sobre la que los humanos vamos colocando piedrecitas para escribir nuestra historia y que nos sobrevivirán para explicar cuál fue el presente de cada uno.

Su más reciente escapada, robada a un tiempo del que apenas dispone para viajar solamente por placer, aunque trabajo y placer se mueven en un mismo plano, ha sido a un campamento base a 5.000 metros en la falda de los Himalayas. “Eso es conectar con la grandeza y la libertad, allí eres solo tú y la sorpresa es constante”.

A pesar de esa sensación de grandeza que solo la Naturaleza es capaz de regalar, el artista es eminentemente urbano. Con estudio en Shanghái, en Miami, en Berlín o en París, el más activo debido a la pandemia del Covid19 ha sido el de Madrid, la ciudad en la que se siente más eficiente como escultor. “En España tenemos una capacidad muy superior de experimentar con materiales porque hay artesanos que conocen su oficio, en Miami, en cambio, hay malls pero es difícil encontrar al señor que entienda de algodones”.

Juan Garaizabal con la Preproducción de la Puerta. Foto. Foto: la_alos_influleches.

París, una historia de amor

París, sin embargo, es la urbe que encabeza su lista. “He vivido en muchas ciudades del mundo y la primera fue París, pero cuando una ciudad no te corresponde a fondo, es difícil formar parte de ella. Pero un día me hizo dos carantoñas con dos exposiciones mías y me quité la careta. Es una ciudad que no se vende. Nueva York, por ejemplo, es abierta y menos arrogante, allí se trabaja desde el primer día, pero triunfar en París es algo muy serio porque allí el dinero manda poco. En mi sentido del amor necesito algo de maltrato, por eso amo esa ciudad. Me ha llevado 30 años triunfar con ella, por eso es un amor que idolatro. En las normas de la seducción, París crea adicción”.

El artista deja claro que el talento, en esto del arte, tiene acento francés, tanto como en el proceso mítico de la seducción, algo que en Francia es casi patrimonio nacional.

a.
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