Sebastião Salgado y Léia Wanick: una puerta abierta a la Amazonia

Un libro y una exposición en París del fotógrafo Sebastião Salgado abren una puerta al misterioso universo de la selva amazónica y al espacio más íntimo de sus tribus indígenas

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.

Rio Gregório Yawanawá Indigenous Territory, state of Acre, 2016. Foto: Sebastião Salgado.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.

Ahora, a través de un hermoso libro (Taschen) y una exposición en el museo de la Filarmónica de París nos abre la puerta a este extraordinario tesoro de la humanidad y levanta la voz en su defensa: “la Amazônia debe pervivir”. Y no solo por la inigualable belleza de la región, por sus bosques, sus ríos, sus montañas o sus habitantes.

Según escribe en el prólogo del libro, con edición de su mujer, la curadora, editora y ambientalista Lélia Wanick Salgado, “Para mi, es la última frontera, un universo misterioso donde el poder de la naturaleza se puede sentir como en ningún otro lugar de la Tierra. Aquí, hay un bosque que se extiende hasta el infinito y que contiene una décima parte de todas las especies vegetales y animales existentes”. Es, en suma, “el laboratorio natural más grande del mundo”.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.
Zo’é Indigenous Territory. State of Pará, 2009. Foto: ©Sebastião Salgado.

Amazonia extraordinaria

Durante sus visitas, Salgado (Aimorés, Brasil, 1944) convivió con estos pueblos indígenas de Brasil y documentó sus escenas más íntimas y cotidianas: sus lazos familiares, cómo cazan y pescan, cómo preparan y comparten las comidas, su talento a la hora de pintarse el rostro y el cuerpo, la importancia de sus chamanes o sus danzas y rituales.

Como explicaba durante la inauguración de la exposición Salgado – Amazônia en el museo de la Filarmónica de París la pasada semana, “Estar con los indígenas es como estar en contacto con el principio de la humanidad, con nuestra prehistoria. Tenemos suerte de poder tener contacto con ellos y por eso hay que protegerlos”.

“Uno llega allí desde una de las ciudades más privilegiadas del mundo pensando que aquella gente no sabe nada y resulta que lo saben todo, que eres tú el que no tiene ni idea de nada. Nosotros llevamos 500 años en América, ellos llevan 20.000”.

La muestra, que permanecerá en París hasta el 31 de octubre para viajar después a Sao Paulo, Río de Janeiro, Roma y Londres, cuenta con 200 imágenes en blanco y negro realizadas a lo largo de 48 viajes al corazón de esta inmensa selva.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.
Sebastião Salgado (i), Léia Wanick-Salgado (c) y Jean-Michel Jarre (d) en la presentación de la exposición Amazonia. Foto: Mario Garcia Sanchez | EFE.

El alma de la selva

Los retratos de comunidades como la ashaninka, korubo, los indios de zuruahã o marubo representan la mitad de la muestra, cuya escenografía e hilo conceptual han sido diseñados también por Lélia.

«Nos falta honestidad planetaria, tener un deseo real de proteger este espacio y no comercializar con los productos de zonas deforestadas»

Sebastião Salgado

“Lélia quería que la gente se sintiera perdida en la selva y que escuchase los testimonios de los indígenas. Queremos que la gente que venga tenga otra conciencia de la Amazonia cuando salga», explicó el fotógrafo en declaraciones a los medios.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.
Rio Negro en la confluencia Rio Branco, cerca del archipiélago Anavilhanas. State of Amazonas, 2019. Foto: ©Sebastião Salgado.

Planteada como una experiencia inmersiva, la exposición cuenta con la música del compositor francés Jean-Michel Jarre. La idea pasaba por evitar la música ambiente, pero también lo que llama “un discurso técnico”. “La selva es muy ruidosa y todos sus sonidos son independientes, es lo contrario a una orquesta”, explicó el músico.

Para superar el reto, se valió del archivo del Museo de Etnografía de Ginebra y trabajó con sonidos orgánicos, electrónicos y naturales para establecer una armonía que no tienen nada que ver los unos con los otros.

Otra parte de la muestra está acompañada por música de compositores brasileños, como la sinfonía de Heitor Villa-Lobos El Mito de la Creación del río Amazonas y las melodías de Rodolfo Stroeter. La apuesta pasa por hacer una suerte de retrato musical de los pueblos indígenas.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.
Valley of Javari Marubo Indigenous Territory, state of Amazonas, 1998. Foto: ©Sebastião Salgado.

Despertar conciencias

Con 5,5 millones de kilómetros cuadrados (ocho veces la superficie de Francia), la Amazonia sigue conservando un halo de misterio. Son muchos a los que se ha tragado, pero también son muchos quienes están consiguiendo hacerle daño. Con su trabajo, Salgado quiere agitar conciencias y alertar contra la deforestación y la implantación de terrenos agrícolas que ha propiciado la desaparición del 17,25% de su superficie entre 1988 y 2019.

Pese a sus años recorriéndola admite que la Amazonia es “indescriptible”. Estar con los indígenas, apunta, es como estar en contacto con la prehistoria. Gracias a convivir con ellos –siempre a través de asociaciones e invitado por ellos- pudo lograr imágenes intimistas en las que quedan retratados como cazadores, héroes, en definitiva, como el alma de esta selva.

El fotógrafo no rehúye hablar de responsabilidad: en París señaló al Gobierno del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, al que definió como “depredador”, aunque recordó que el problema viene de antes: hace 40 años que comenzó la deforestación con la exportación masiva de madera, carne, soja y otros productos a Europa.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.
Kampa do Rio Amônea Indigenous Territory, state of Acre, 2016. Foto: ©Sebastião Salgado.

Por ello no es un problema únicamente del país: “Nos falta honestidad planetaria, tener un deseo real de proteger este espacio y no comercializar con los productos de zonas deforestadas”.

Edición de coleccionista

Con este espíritu Salgado también dedica el libro editado por Taschen a los pueblos indígenas de Brasil: “Deseo, con todo mi corazón, con toda mi energía, con toda la pasión que hay en mí, que en 50 años este libro no sea un recuerdo de un mundo perdido. La Amazônia debe pervivir”.

Yanomamis, asháninkas, yawanawás, suruwahás, zo’és, kuikuros, waurás, kamayurás, korubos, marubos, awás y macuxis. Solo sus nombres evocan misterios y leyendas, las mismas que envuelven a la Amazonia y que durante siglos se han resistido a desvelar sus secretos. Durante seis años, Sebastião Salgado viajó por la selva amazónica brasileña y fotografió a sus habitantes.

Comprar Amazônia, Sebastião Salgado (94,99 euros).

La editorial ofrecerá en breve una edición de coleccionista del libro que incluye un atril diseñado por Renzo Piano y cuatro ediciones artísticas, cada una de las cuales incluye además del atril una lámina firmada por el fotógrafo.

(Foto de portada: Rio Gregório Yawanawá Indigenous Territory, state of Acre, 2016 | ©Sebastião Salgado).

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