‘Dar la cara’: así ha cambiado el retrato en los últimos 50 años

El Centro Pompidou de Málaga estrena una muestra que revista cómo se han modelado cánones y valores a través del retrato artístico

retratos de la fotógrafa francesa Valérie Belin, de su serie Manequienss, de la exposición Dar la cara. El retrato incierto. Foto Jorge Zapata EFE.

Retratos de la fotógrafa francesa Valérie Belin, de su serie Manequienss, de la exposición Dar la cara. El retrato incierto. Foto: Jorge Zapata | EFE.

Justamente estos días, cuando la mascarilla se ha convertido en elemento omnipresente que oculta rostros y gestos, el Centro Pompidou de Málaga nos invita a reflexionar acerca del retrato ¿es un espejo con memoria? ¿un instrumento de representación social? Fotógrafos y videoartistas a lo largo de los últimos 50 años han dado la vuelta al cliché para mostrar cómo lejos de reflejar la realidad, los retratos han modelado cánones y valores.

De “ironía” calificaba por videoconferencia desde París el presidente del Centro Pompidou, Serge Lasvignes, esta exposición, que viene a hacernos “tomar conciencia de la importancia de los rostros” en un momento en el que no podemos verlos completamente, ocultos bajo mascarillas. También en una era, la de las redes sociales, en que más se construye públicamente la identidad a través de la imagen.

Dar la cara. El retrato incierto es el nombre de la muestra que repasa la evolución y la historia reciente del retrato en la fotografía y el vídeo a través de 120 obras de fotografía y 9 piezas de vídeo de 26 artistas entre los que se encuentran Thomas Ruff, Gilbert & George, Cindy Sherman o Suzanne Lafont

Justamente estos días, cuando la mascarilla se ha convertido en elemento omnipresente que oculta rostros y gestos, el Centro Pompidou de Málaga nos invita a reflexionar acerca del retrato ¿es un espejo con memoria? ¿un instrumento de representación social? Fotógrafos y videoartistas a lo largo de los últimos 50 años han dado la vuelta al cliché para mostrar cómo lejos de reflejar la realidad, los retratos han modelado cánones y valores.
Retratos de la fotógrafa sudafricana Zanele Muholi. Foto: Jorge Zapata | EFE.

La reinvención del retrato

De carácter multidisciplinar, destaca Lasvignes, las dificultades por la pandemia no han hecho bajar los brazos a los responsables de los centros Pompidou de París y Málaga, que han vencido los desafíos para logar dar forma a esta muestra que, según Florian Ebner, jefe del gabinete de Fotografía del Pompidou y uno de los comisarios de la muestra, persigue «hacer un acercamiento a los últimos cincuenta años de reinvención de este medio del retrato por parte de muchos artistas».

Marcella Lista, jefa del departamento de la colección New Media del Pompidou, es la otra comisaria de la exhibición, que divide los rompedores retratos contemporáneos en siete secciones. Como un prisma singular y complejo, el rostro no es un espejo de la realidad, sino que busca afrontar o desviar, ocultar o exponer, distorsionar, travestir, borrar o rechazar. En cualquier caso, explican los comisarios, “son gestos que, mediante la relación creativa entre el sujeto y su imagen, desafían la expectativa de una visión transparente del individuo”. Ese ‘dar la cara’, pues, “se convierte en un espacio de libertad entre el yo y el otro, o el yo como otro”.

En el lado salvaje

En la primera sección, Walk on the wild side, en alusión a la canción escrita por Lou Reed en 1972 que se convirtió en una llamada a la subversión de los códigos dominantes, a la dominación patriarcal, el racismo o el colonialismo, la movilización se traslada al plano artístico.

© Wolfgang Tillmans. Foto: Centre Pompidou, MNAM-CCI/Philippe Migeat/Dist. RMN-GP.
© Wolfgang Tillmans. Foto: Centre Pompidou, MNAM-CCI/Philippe Migeat/Dist. RMN-GP.

La cultura underground, con la «performance» entre sus manifestaciones, permite a los artistas distorsionar el autorretrato clásico, transformar imágenes para mostrar cómo se construye y deconstruye la identidad y llevar el retrato a un espacio de emancipación en el que no hay certezas. Jürgen Klauke en Europa y Eleanor Antin en los EEUU son algunos de los representantes de esta corriente.

La siguiente sección, El final del retrato psicológico, se centra en la etapa en que, a principios de los 80, el rostro se convierte en una superficie opaca por descodificar de la mano de artistas como Thomas Ruff y Patrick Tosani. Las posibilidades técnicas permiten explorar expresiones fugaces que revelan emociones pero, que sin embargo, pierde credibilidad. Así, en 1976, Theresa Hak Kyung Cha filma el rostro de su hermana y con ello cuestiona los límites del retrato psicológico. Crea una secuencia a la vez repetitiva y esquiva y revela una parte oculta, fugaz, en cualquier intento de representar al ser humano.

Le sigue Como un cuadro, una idea de la fotografía equiparada a una pintura que pasa por la asunción de que toda imagen es artificio y que se desarrolla con el posmodernismo durante los años 80 y 90.

Una inquietud cultural

En Una inquietud cultural se aborda cómo, desde sus inicios, la fotografía aspira a atrapar la vida y conservarla para la posteridad, pero este aspecto del retrato también se puede invertir, dotando al ojo mecánico del poder de animar los objetos inertes. Las obras surrealistas están llenas de trampantojos donde se expresa la idea de Unheimlichkeit (lo siniestro o la inquietante extrañeza).

Justamente estos días, cuando la mascarilla se ha convertido en elemento omnipresente que oculta rostros y gestos, el Centro Pompidou de Málaga nos invita a reflexionar acerca del retrato ¿es un espejo con memoria? ¿un instrumento de representación social? Fotógrafos y videoartistas a lo largo de los últimos 50 años han dado la vuelta al cliché para mostrar cómo lejos de reflejar la realidad, los retratos han modelado cánones y valores.
© Cindy Sherman. Foto: Centre Pompidou, MNAM-CCI/Service de la documentation photographique du MNAM/Dist. RMN-GP.

El recorrido continúa por Manifiestos de lo íntimo, donde se agrupan artistas que, como Nan Goldin y Wolfgang Tillmans, convierten la fotografía en una herramienta para reclamar otra forma de vida. Otros como Rineke Dijdstra y LaToya Ruby Frazier alimentan una nueva mirada fotográfica en la relación entre el artista y sus modelos que se convierten, en ociasiones, en activismo visual en defensa de una comunidad amenazada, como sucede con los retrataos de mujeres lesbianas en Sudáfrica de Zanele Muholi.

Pasiones y personajes

Pasiones y personajes por su parte se centra en cómo, desde la antigüedad, el estudio de las emociones que animan el rostro humano ha inspirado una larga tradición figurativa que va de los dibujos de cabezas y expresiones de Charles Le Brun en el siglo XVII. Los artistas de esta sala, como Alain Baczynksy, Bruce Nauman o Markus Hansen realizan diferentes reflexiones poéticas sobre la articulación de individualidad y generalidad, verdad y mentira.

La séptima y última sección de la exposición tiene el título Editar la sociedad, que evoca un texto de 1931 en el que el fotógrafo estadounidense Walker Evans rinde homenaje a la obra del alemán August Sander, quien, a través de sus retratos, reflejó la vida cotidiana de la sociedad durante la república de Weimar. 

Justamente estos días, cuando la mascarilla se ha convertido en elemento omnipresente que oculta rostros y gestos, el Centro Pompidou de Málaga nos invita a reflexionar acerca del retrato ¿es un espejo con memoria? ¿un instrumento de representación social? Fotógrafos y videoartistas a lo largo de los últimos 50 años han dado la vuelta al cliché para mostrar cómo lejos de reflejar la realidad, los retratos han modelado cánones y valores.
© Akram Zaatari | Fondation Arabe pour l’Image. Foot: Centre Pompidou, MNAM-CCI/G. Meguerditchian et Ph. Migeat/Dist. RMN-GP.

Como ellos, el artista libanés Akram Zaatari busca captar una sociedad a través de la fotografía. Para esta obra colabora con Hashem El Madani (1928-2017), un fotógrafo de barrio de Sidón, en el Líbano y juntos exploran alrededor de 500.000 negativos de El Madani y seleccionan 117 fotografías tomadas entre 1950 y 1970 que dan cuenta de los rituales de poses que ofrecían los estudios de la época, con sus accesorios y sus actitudes estereotipadas, lo que también ofrece un testimonio de tipos sociales y vida libanesa de la época.

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