De Picasso a Pollock: el tesoro ‘oculto’ del Museo de Arte de Teherán

Tras dos años de cierre por restauración, vuelve a mostrarse la mejor colección de arte contemporáneo de Oriente entre críticas por exponer apenas un 6% de sus fondos

Picasso, Miró, Pollock, Bacon, Gauguin, Rothko, Kandinsky, Chillida… los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Teherán soportan sin palidecer cualquier comparación con las más grandes pinacotecas del mundo. Entre los diez mejores museos de arte moderno del mundo y, sin duda, el mejor de Oriente, acaba de reabrir sus puertas tras casi dos años cerrado por obras de restauración. Sin embargo, muchas de sus mejores obras se mantienen bajo llave en sus sótanos.

Inaugurado en 1977 por la tercera y última esposa del shá Mohamad Reza Pahlaví, Farah Diba, para acomodar su amplia colección de arte moderno accidental, de sus más de 4.000 obras alrededor de 2.000 están firmadas por grandes artistas occidentales.

La otra mitad corresponde a autores iraníes, como los que protagonizan la muestra temporal con la que arranca la nueva etapa del museo, de nombre Armaghan (obsequio) y que incluye parte de las 700 obras recientemente cedidas por la familia de la artista local Maniye Mir Emadí y que incluye piezas de famosos pintores como Parviz Tanavoli y Jazeh Tabatabai.

Picasso, Miró, Pollock, Bacon, Gauguin, Rothko, Kandinsky, Chillida… los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Teherán soportan sin palidecer cualquier comparación con las más grandes pinacotecas del mundo. Entre los diez mejores museos de arte moderno del mundo y, sin duda, el mejor de Oriente, acaba de reabrir sus puertas tras casi dos años cerrado por obras de restauración. Sin embargo, muchas de sus mejores obras se mantienen bajo llave en sus sótanos.
Museo de Arte Contemporáneo de Teherán. Foto: Wikimedia Commons.

Un tesoro ‘oculto’

La controversia en torno al museo, alimentada por la propia Farah Diba, exiliada tras la revolución iraní de 1979 y la caída de la monarquía, se centra sin embargo en la gestión de las importantes piezas de artistas como Picasso, Pollock o Kandinsky que, a su juicio, languidecen ocultas a los ojos de los visitantes.

Así, quien acuda pensando deleitarse con piezas como Ventana abierta sobre la calle Penthièvre (1920), de Pablo Picasso; Tensions Claires (1937), de Wassily Kandinsky; o Naturaleza muerta con estampa japonesa (1889), de Paul Gauguin, sin duda se sentirán decepcionados, pues son piezas que apenas se han dejado ver media docena de veces en la historia del museo.

El museo solo tiene capacidad para mostrar entre 250 y 300 piezas de las más de 4.000 que integran sus fondos

De hecho, estas obras se muestran al público solo de forma temporal cuando son seleccionadas para las exposiciones. La razón, según explica a Efe el director de relaciones públicas de la institución, Hasan Noferestí, es que las instalaciones tienen cabida para exponer solo entre 200 y 250 obras.

Entre las salas del museo, con una arquitectura inspirada en las casas de adobe del desierto iraní y que mezcla modernidad y tradición, solo hay dos que se muestran permanentemente: una piscina que contiene unos 5.000 litros de aceite de coche, Matter and mind (1977), del japonés Noriyuki Haraguchi, y las alrededor de catorce esculturas colocadas en el jardín y los patios del museo, entre ellas una de Eduardo Chillida: Estela a Pablo Neruda (1974).

“Tenemos muchas obras muy destacadas y famosas y, en caso de que quisiéramos exhibir esas de modo permanente, ya no habría espacio para el resto”, justifica Noferestí, quien también defiende que el mantenimiento en la tesorería es “mucho mejor”.

Picasso, Miró, Pollock, Bacon, Gauguin, Rothko, Kandinsky, Chillida… los fondos del Museo de Arte Contemporáneo de Teherán soportan sin palidecer cualquier comparación con las más grandes pinacotecas del mundo. Entre los diez mejores museos de arte moderno del mundo y, sin duda, el mejor de Oriente, acaba de reabrir sus puertas tras casi dos años cerrado por obras de restauración. Sin embargo, muchas de sus mejores obras se mantienen bajo llave en sus sótanos.
El Museo de Arte Contemporáneo de Teherán acaba de abrir nuevamente sus puertas. Foto: Marina Villén | EFE.

Compras previas a la revolución

Para el portavoz del museo, que no duda en argumentar que es “uno de los diez museos de arte contemporáneos más destacados del mundo al contener obras de artistas iraníes, europeos y estadounidenses de diferentes estilos”, no es verdad que las piezas, la mayor parte de ellas adquiridas antes de la revolución, como reconoce el museo, permanezcan ocultas. “Nosotros con diferentes motivos, en diferentes exposiciones, hemos mostrado una gran parte de las obras”.

Sin embargo, la responsable de esas adquisiciones, la emperatriz de Irán, ha criticado en numerosas ocasiones la gestión de ese patrimonio. Según sus denuncias públicas, Farah Diba considera que las obras occidentales que ella adquirió están “escondidas” en los sótanos del museo.

Con obras de Picasso, Miró, Bacon, Gauguin, Rothko o Kandinsky, el Museo de Arte Contemporáneo de Teherán está entre los diez mejores museos de arte moderno del mundo

Es el caso de Mural on indian red ground (1950), de Jackson Pollock, considerado uno de los mejores del artista estadounidense y que no pudo verse en el museo de la capital iraní hasta el año 2005. Al respecto, Noferestí señala que desde entonces el óleo ha sido exhibido “cinco o seis veces” y también se prestó a Japón en 2012 con motivo de una exposición.

El responsable de las relaciones públicas del museo explica también que las obras de Picasso que poseen han sido expuestas “en tres o cuatro ocasiones” y que se están planteando que la próxima exposición temporal esté dedicada al también español Joan Miró.

Rumores de venta

Sí reconoce, sin embargo, que hay “unas quince” obras que al mostrar desnudos no han sido expuestas en Teherán debido a las restricciones morales impuestas por las autoridades persas desde la instauración de la República Islámica.

A este respecto, y pese a negar los rumores de que algunos cuadros de la colección hayan sido vendidos, Noferestí reconoce que, hace casi tres décadas, se intercambió una de las “obras que no se podía exponer” por incluir desnudos, una pieza de Willem de Kooning, por un antiguo y valioso manuscrito persa del Shahnameh, un hecho que avivó las protestas de Farah Diba.

Más allá de eso, asegura, “hasta ahora ninguna obra del Museo de Arte Contemporáneo ha sido vendida”. Añade que el objetivo del museo es cuidar un patrimonio de obras que “pertenecen a la nación iraní” y que de hecho la reciente restauración del museo se ha centrado en mejorar las condiciones de la tesorería, separando el sistema de refrigeración de los sótanos, para una mejor preservación de los cuadros.

Aunque aún por concluir, señala, otra de las metas del Museo de Arte Contemporáneo de Teherán es completar un banco de datos virtual que permita ver todas las obras y sus características, lo que permitiría acceder a todos los fondos de su colección.

a.
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