El inquietante arte de Francis Bacon y Lucien Freud llega a Valencia

La exposición ‘De profundis’ en la Fundación Bancaja analiza, a partir de similitudes y diferencias, el paso del tiempo, la soledad y la angustia en la obra gráfica de ambos artistas

Francis Bacon y Lucian Freud se conocieron en 1945 a través de otro gran pintor, Graham Sutherland. Inmediatamente se hicieron amigos y se influyeron mutuamente en sus respectivas carreras artísticas, si bien por la edad fue Bacon quien ejerció de maestro y Freud de alumno, especialmente a la hora de captar y mostrar las emociones en sus obras.

De profundis. Foto: Fundación Bancaja

Francis Bacon y Lucian Freud se conocieron en 1945 a través de otro gran pintor, Graham Sutherland. Inmediatamente se hicieron amigos y se influyeron mutuamente en sus respectivas carreras artísticas, si bien por la edad fue Bacon quien ejerció de maestro y Freud de alumno, especialmente a la hora de captar y mostrar las emociones en sus obras.

Freud (1922-2011), nieto de Sigmund Freud –sí, el padre del psicoanálisis– decía de Bacon que era “el ser humano más inteligente y más salvaje”. Bacon (1909 -1992), sobre Freud, que “el problema de la obra de Lucian Freud es que es realista sin ser real”.

Bacon hizo de Freud un artista contemporáneo, como se aprecia en los sentimientos y emociones presentes en la pincelada de Freud -por cierto, mucho más gruesa a partir de los años 60 y de entablar su relación con Bacon- y que ya eran característicos de la obra del artista irlandés-.

Compartían visión, sí, pero cada uno tenía su propio y personalísimo sello. Ahora una exposición en la Fundación Bancaja de Valencia (Plaza de Tetuán, 23) enfrenta los grabados de ambos para desvelar con qué actitud y qué temas dedicaron cada uno de ellos a esta faceta de su producción artística.

Francis Bacon y Lucian Freud se conocieron en 1945 a través de otro gran pintor, Graham Sutherland. Inmediatamente se hicieron amigos y se influyeron mutuamente en sus respectivas carreras artísticas, si bien por la edad fue Bacon quien ejerció de maestro y Freud de alumno, especialmente a la hora de captar y mostrar las emociones en sus obras.
Bacon y Freud, De profundis. Foto: Fundación Bancaja.

‘De profundis’

Comisariada por Belén Herrera Ottino, la exposición Francis Bacon-Lucian Freud. De profundis, que puede verse hasta el próximo 5 de septiembre, reúne en una muestra las obras distorsionadoras de Bacon, con caras deformes o la presencia de las sombras, y lo dibujos más finos de Freud, en blanco y negro y de alta intensidad psicológica y emplea técnicas de pintura cuando, sin embargo, estampa una ilustración.

La muestra analiza las características de estos dos artistas y amigos y establece puntos en común en su obra gráfica, así como aspectos genuinos en cada uno de ellos

Las obras de estas dos grandes figuras del arte contemporáneo del siglo XX se enmarcan en el movimiento expresionista, con Freud eliminando todo lo innecesario y con Bacon deformando una realidad porque su intención era, según Herrera, la de que “se viera como si un ser humano hubiera pasado por ellas, como un caracol que deja su baba”.

La muestra, con un total de medio centenar de piezas procedentes de la Galería Marlborough y coleccionistas privados, a las que se suman la reproducción de fotografías y proyección de documentales, camina sobre las características de ambos artistas para ofrecer puntos en común en su obra gráfica, pero también aspectos genuinos en cada uno de ellos.

Francis Bacon y Lucian Freud se conocieron en 1945 a través de otro gran pintor, Graham Sutherland. Inmediatamente se hicieron amigos y se influyeron mutuamente en sus respectivas carreras artísticas, si bien por la edad fue Bacon quien ejerció de maestro y Freud de alumno, especialmente a la hora de captar y mostrar las emociones en sus obras.
Foto: Fundación Bancaja.

Las obras, fechadas entre 1975 y 1992 en el caso de Bacon y entre 1982 y 2007 en el caso de Freud, permiten ver que ambos compartían temas como la exploración de la soledad del ser humano, el paso del tiempo, la angustia o el aislamiento.

Bacon vs Freud

Bacon basó su obra gráfica (aguastintas, litografías y offsets) en una selección de 36 de sus pinturas, realizadas por grandes impresores franceses, italianos y españoles y siempre bajo su supervisión. Cuando las aprobaba, las numeraba y firmaba. El resultado son obras con múltiples significados en diferentes capas, plagadas de referencias iconográficas, literarias e intelectuales, y siempre con su particular lenguaje plástico centrado en la figura humana.

Para Freud el grabado era un formato íntimo y autobiográfico que le permitía reflejar lo que sentía. Se enfrentaba al grabado del mismo modo que si se tratara de un lienzo: colocando las planchas de cobre sobre el caballete en posición vertical para trabajar dibujando con el buril directamente.

Francis Bacon huía de los discursos explicativos y solo buscaba provocar sensaciones, conseguir las reacciones del espectador. Por ello podía emplear un tema en apariencia banal sobre el que vertía sus más profundas reflexiones. Sus cuerpos tienen una animalidad que trasciende de las formas y una evocación a lo orgánico desde las necesidades más primarias hasta las pasiones más excelsas.

Francis Bacon y Lucian Freud se conocieron en 1945 a través de otro gran pintor, Graham Sutherland. Inmediatamente se hicieron amigos y se influyeron mutuamente en sus respectivas carreras artísticas, si bien por la edad fue Bacon quien ejerció de maestro y Freud de alumno, especialmente a la hora de captar y mostrar las emociones en sus obras.
Retratos de Freud y Bacon. Foto: Fundación Bancaja.

También se aprecia en su obra su conocimiento de los grandes maestros como Picasso, Goya o Velázquez. Es el caso de su obra Second Version of Triptych 1944 (1989), presente en esta exposición, un conjunto de tres litografías de una crucifixión que recuerda las pinturas de Picasso al final de los años 20.

Retratos en Bacon y Freud

En los aguafuertes de Freud seleccionados para esta exposición se observa su característica tensión emocional. Entre los temas desfilan desnudos, retratos de amigos y familiares, también de Pluto – su querida perra casi al final de su vida -, autorretratos (pintó más de un centenar de autorretratos durante siete décadas, desde que tenía 14 años y hasta que cumplió los 86) y escenas de soledad.

Eliminando lo superfluo o innecesario, recorre la orografía de los cuerpos y los moldea a base de pinceladas en sus pinturas o con incesantes e intensas líneas con el buril en sus grabados, siempre para conseguir una insolente carnalidad.

Como en sus pinturas, los modelos de sus grabados eran personas cercanas a él, pero a menudo anónimas para el espectador sobre las que, en largas sesiones de posado, Freud lanza una mirada inflexible dando como resultado obras llenas de honestidad, portadoras de retratos psicológicos.

Francis Bacon y Lucian Freud se conocieron en 1945 a través de otro gran pintor, Graham Sutherland. Inmediatamente se hicieron amigos y se influyeron mutuamente en sus respectivas carreras artísticas, si bien por la edad fue Bacon quien ejerció de maestro y Freud de alumno, especialmente a la hora de captar y mostrar las emociones en sus obras.
Foto: Fundación Bancaja.

Por el contrario, Bacon se servía de fotografías para elaborar sus retratos y se ‘alejaba’ de las personas reales tras los personajes. En este sentido, explica la comisaria, y pese a que Freud quiso retratar a Bacon y para ello le obligó a ir a su estudio, el pintor irlandés tomó una ilustración de un libro de Franz Kafka como referencia para pintar a su amigo, ya que no le gustaba tener modelos a los que pintar.

Para el director de Fundación Bancaja, Rafael Alcón, la trascendencia de la muestra es precisamente la convivencia de estos artistas en la misma exposición «con sus similitudes por las emociones, y sus diferencias, como en el caso del color».

a.
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