‘Comuneros’ o como España saltó del medievo a la modernidad

Una exposición en Valladolid analiza la Guerra de las Comunidades que, a lo largo de 500 años, ha pasado del olvido a la exaltación como una de las primeras revoluciones modernas

Entre la penumbra del medievo y la luz del Renacimiento. En esos años, por lo general más oscuros que claros, tuvo lugar la Guerra de las Comunidades (1520-1522), desencadenada tras la muerte de los Reyes Católicos y el ascenso al trono de su nieto, Carlos V. 500 años después, una gran exposición en Valladolid analiza su impacto.

Comuneros 500 años. Foto: Nacho Gallego | EFE.

Entre la penumbra del medievo y la luz del Renacimiento. En esos años, por lo general más oscuros que claros, tuvo lugar la Guerra de las Comunidades (1520-1522), desencadenada tras la muerte de los Reyes Católicos y el ascenso al trono de su nieto, Carlos V. 500 años después, una gran exposición en Valladolid analiza su impacto.

Enmarcada en los actos del V Centenario del Movimiento Comunero, la muestra, que puede verse hasta el próximo 20 de septiembre en las Cortes de Castilla y León y que lleva por lema ‘El tiempo de la libertad’, reúne más de 150 piezas que van desde pinturas a esculturas, documentos, armas, monedas y piezas de arte religioso desde finales del siglo XV al primer cuarto del siglo XVI.

El lienzo del pintor alicantino Antonio Gisbert Los Comuneros Padilla, Bravo y Maldonado en el patíbulo, que luce habitualmente en el edificio de Ampliación I del Congreso de los Diputados, es una de estas piezas, cedidas por entidades que van del Museo del Prado a la Biblioteca Nacional, el Museo Lázaro Galdiano, el Palacio Real o los archivos catedralicios y municipal de Burgos y Segovia.

Entre la penumbra del medievo y la luz del Renacimiento. En esos años, por lo general más oscuros que claros, tuvo lugar la Guerra de las Comunidades (1520-1522), desencadenada tras la muerte de los Reyes Católicos y el ascenso al trono de su nieto, Carlos V. 500 años después, una gran exposición en Valladolid analiza su impacto.
‘Los comuneros en el patíbulo’ en su llegada a las Cortes. Foto: CCYL.

Huella comunera

El óleo retrata el momento de la ejecución de los tres cabecillas del movimiento comunero en la localidad vallisoletana de Villalar el 24 de abril de 1521 que ponía fin al levantamiento. Carlos V, ausente de España aquel día, ordenó el ajusticiamiento de los principales responsables de la Guerra de las Comunidades de Castilla. Un año más tarde, ya de regreso al país, extendió un perdón generalizado.

Promulgado en Vitoria el 28 de octubre de 1522 y anunciado en la Plaza Mayor de Valladolid el 1 de noviembre siguiente, una transcripción del documento que se conserva en la Biblioteca Nacional y que repasa los principales hechos de la Guerra de las Comunidades, es otra de las piezas de esta exposición.

La muestra analiza cómo el tránsito de la España bajomedieval a la Edad Moderna en el primer tercio del siglo XVI tuvo su punto de inflexión con la Guerra de las Comunidades de Castilla

Aquel Perdón General, indulgente con las ciudades que abrazaron la causa comunera como Valladolid, Medida del Campo o Zamora, no incluía a los que consideraba los 293 protagonistas de las revueltas, como los tres capitanes generales de la Junta (Comunera): Pedro de Ayala, Pedro Girón y el obispo de Zamora, Antonio Acuña, que en 1526 fue ajusticiado en el castillo de Simancas, hoy sede del Archivo General de la monarquía hispánica.

Las sentencias condenatorias de los capitanes comuneros y el decreto de excomunión para los prosélitos de la causa son otros de los documentos que pueden verse, así como la Ley Perpetua de Ávila (1520), un corpus normativo que muchos ven como la primera Constitución democrática del mundo.

Entre la penumbra del medievo y la luz del Renacimiento. En esos años, por lo general más oscuros que claros, tuvo lugar la Guerra de las Comunidades (1520-1522), desencadenada tras la muerte de los Reyes Católicos y el ascenso al trono de su nieto, Carlos V. 500 años después, una gran exposición en Valladolid analiza su impacto.
La exposición podrá verse hasta el 20 de septiembre. Foto: Nacho Gallego | EFE.

Huir del maniqueísmo

Según el comisario de la muestra, Eliseo de Pablos, “Sabemos mucho a partir de 1526, pero muy poco a partir de la muerte de la muerte de Fernando el Católico (1516)”, que daría el acceso al trono a Carlos V y que en última instancia se convertiría en el origen de la Guerra de las Comunidades.

La exposición pretende arrojar luz sobre esta oscuridad. No fue tanto una revolución como “un intento de un cambio político de gran calado”, explica el historiador y catedrático Salvador Rus, coordinador científico y académico del programa conmemorativo del V Centenario del Movimiento Comunero.

La exposición incluye 150 piezas entre documentos, armamento, monedas, cuadros, libros, letras de cambio y partituras

«Los comuneros no niegan la monarquía (de Carlos I) pero sí defienden el control del ejercicio del poder a través de los cauces institucionales que eran las Cortes», añade.

Así, la muestra, que se complementa con la celebración de un congreso internacional, el estreno de una ópera que recorrerá las nueve provincias y el rodaje de un documental divulgativo busca ser “una conmemoración de Comunidad” que, en cualquier caso, según el comisario, busca huir del maniqueísmo en este conflicto político y social, con los Comuneros como adalides de derechos y libertades y Carlos V en la figura de monarca exigente y represor

“Hemos establecido un marco de comprensión dentro de un equilibrio de perspectivas. No es una visión de buenos y malos, y de reivindicaciones de uno u otro lado, para que el visitante saque sus consecuencias al final del recorrido”, precisa De Pablos.

Entre la penumbra del medievo y la luz del Renacimiento. En esos años, por lo general más oscuros que claros, tuvo lugar la Guerra de las Comunidades (1520-1522), desencadenada tras la muerte de los Reyes Católicos y el ascenso al trono de su nieto, Carlos V. 500 años después, una gran exposición en Valladolid analiza su impacto.
150 objetos integran la muestra. Foto: Nacho Gallego | EFE.

Cuatro capítulos

La exhibición se estructura en tono a cuatro apartados o capítulos: ‘Contra traidores y desleales’, ‘Castilla en la encrucijada’, ‘El tiempo habitado’ y ‘Memoria recuperada’ que evocan, por este orden, a los protagonistas de la Guerra de las Comunidades; la contienda bélica; la vida cotidiana del siglo XVI; y la influencia social, política y cultural del movimiento comunero hasta nuestros días.

Un cancionero de la catedral de Segovia y la petición de los hijos de Juan Bravo para recuperar la casa de su padre después de ser confiscada y picados sus escudos también figuran en este muestrario junto a la partitura de la zarzuela que dedicó Gaztambide a los Comuneros en el siglo XIX; el poemario de Luis López Álvarez (1972) sobre la revuelta comunera y el disco que sobre esos versos compuso el grupo de folk Nuevo Mester de Juglaría.

A lo largo de cuatro bloques se analizan la contienda de la Guerra de las Comunidades y sus protagonistas y la influencia social, política y cultural del movimiento comunero hasta nuestros días

“Quinientos años después, los habitantes de Castilla y León se enorgullecen del legado comunero, de sus antepasados que pagaron con sus vidas la defensa de la libertad y la igualdad frente a los abusos del poder”, explicaba el presidente de las Cortes de Castilla y León, Luis Fuentes, en una visita previa a la inauguración.

Lo cierto es que, a lo largo de los siglos, las interpretaciones sobre el movimiento de los comuneros han sido muy diversas, pasando del olvido a la exaltación y a la reivindicación social y política. Lo que parece evidente es que no ha dejado del todo indiferente a nadie, según expone el historiador Salvador Rus.

En este sentido, Agustín de Argüelles durante la apertura de las Cortes de Cádiz (1812), Karl Marx, Ortega y Gasset, Ángel Ganivet, Marañón, Emilio Castelar o Manuel Azaña son algunos de los políticos y pensadores que vieron la revuelta de los comuneros como la primera revolución de la Edad Moderna o la rebajaron a la categoría de movimientos de corto alcance.

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