Zaha Hadid diseña el rascacielos del futuro en Shenzhen

Zaha Hadid Architects y la ciudad china de Shenzhen prorrogan su idilio: así es el rascacielos de 400 metros y formas orgánicas que acogerá un nuevo centro tecnológico

Si China es actualmente la meca de la arquitectura de vanguardia, la ciudad de Shenzhen, ubicada al sureste y punto de confluencia de Hong Kong con el territorio continental, es su punta de lanza. Sede de importantes corporaciones tecnológicas, la ahora metrópolis con más de 13 millones de habitantes contaba con una población de apenas 30.000 personas en 1980.

Su meteórico crecimiento y su boom económico ha permitido experimentar con todo tipo de infraestructuras, que van desde un barrio de 200 hectáreas sin lugar para los coches a un museo que fluye y se ondula acompañando al río junto al que se asienta, pasando por ultramodernos rascacielos,  muchos de ellos con la firma de los más prestigiosos estudios de diseño del mundo.

Zaha Hadid

El de Zaha Hadid, ahora dirigido por Patrik Schumacher, se ha alzado como ganador de un concurso para construir una nueva torre ubicada en un nuevo centro tecnológico, de nombre Shenzhen Bay Super Headquarters Base, con capacidad para albergar a unos 300.000 empleados, así como espacios de uso social para conferencias, exposiciones y otra oferta de ocio.

Tower C es el nuevo proyecto de Zaha Hadid en Shenzhen. Imagen: Brick Visual.

Conocido por su afición a las formas sinuosas y orgánicas, la propuesta de Zaha Hadid Architects parece desafiar la propia definición de rascacielos. En primer lugar, no es un edificio, sino dos, de casi 400 metros de altura -lo que los convertirá en unos de los más altos de la ciudad-. Estarán conectados a través de terrazas onduladas plagadas de vegetación y jardines acuapónicos -donde las plantas se cultivan en agua- dirigidos a filtrar naturalmente los contaminantes del ambiente.

Definido por el estudio como una “ciudad vertical” está ideado para conectar con el paisaje que lo rodea, del que se eleva a partir de una plaza pública -con aparcamiento de bicicletas y conexiones directas a un intercambio subterráneo y la red de metro de Shenzhen- que invita al acceso peatonal.

El rascacielos son, en realidad, dos torres de 400 metros conectadas por una serie de terrazas y pasarelas

Según la descripción del proyecto, “El podio escalonado de la Torre C se integra con el parque para crear un nuevo espacio público para esta ciudad dinámica que ha crecido hasta convertirse en un centro global de innovación tecnológica”.

Imagen: Brick Visual.

Doble piel

Con un modelado basado en herramientas 3D desarrolladas por la firma de la fallecida arquitecta angloiraní y Pritzker de Arquitectura, el edificio multidimensional se cubre con una cortina de vidrio con doble aislamiento que permite obtener salientes para el autosombreado, así como cavidades que permitirán la instalación de sistemas de ventilación natural.

Una gestión inteligente del conjunto monitorizará continuamente las condiciones externas e internas para controlar en tiempo real la temperatura con equipos de alta eficiencia, reduciendo así el consumo de energía. El diseño también contempla el reciclaje de agua así como la generación de energía fotovoltaica para el abastecimiento del edificio y el empleo de materiales reciclados o que se han fabricando emitiendo una baja cantidad de carbono.

Imagen: Brick Visual.

La ciudad del mañana

Las dos torres ofrecerán espacio para oficinas, tiendas, entretenimiento y restaurantes, todos “sin pilares y con iluminación natural,”, explican desde el estudio, además de un hotel, un centro de convenciones y diversas instalaciones culturales como galerías de exposiciones. Estas últimas se ubicarán en los amplios puentes que unen las dos torres y que ofrecerán, además, excelentes vistas panorámicas de la ciudad.

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