Ibiza: vivir en la playa de la cultura y el amor

Hippie Hill Ibiza, la casa de Olaf Brandenburg, es una relectura de la relación entre arquitectura, cultura y naturaleza

Hace algo más de dos años dejó el traje y los zapatos lustrosos en el galán de noche berlinés, voló a Ibiza, se colocó un pareo y unas alpargatas, compró hectáreas de bosque y en la cima de una montaña construyó su hogar y una playa con vistas al mar.

Él es Olaf Brandenburg, consultor estratégico empresarial que llama a su feudo Hippie Hill Ibiza, un hogar sostenible que se autoabastece y en el que sin ningún interés crematístico reúne a DJs, artistas y chefs con el fin de promover la cultura y crear sinergias.

Olaf Brandenburg en su casa en la playa en Ibiza. Foto: Anna R. Alós

Una vivienda nada convencional

Hay que ascender por un camino boscoso y de pronunciada pendiente. En la valla de acceso a la propiedad se lee ‘LOVE’. No se trata de los años 60 o 70, esto sucede en 2020 y es real.

“¿Por qué preocuparse tanto de tener metros interiores cuando en Ibiza la temperatura permite vivir en el exterior casi todo el año”

Olaf Brandenburg

La primera estancia, al aire libre y sin obstáculos visuales, es la ducha, por si algún invitado llega con calor. El resto dista de ser una vivienda convencional, tan original como la misma playa, conseguida con nueve camiones de arena de Denia, y que ocupa 900 metros cuadrados de terreno.

El salón comedor. Foto: Anna R. Alós

Espíritu renacentista

Había una pequeña ruina construida en el bosque y allí ubicó Olaf su dormitorio, baño y vestidor. El resto de las zonas transcurre sobre un pavimento de madera y cubiertas que son techos de lona. “¿Por qué preocuparse tanto de tener metros interiores cuando en Ibiza la temperatura permite vivir en el exterior casi todo el año”, dice.

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Con esa premisa por delante comienza el recorrido con cierto espíritu renacentista: dos inmensos salones, pequeños chillouts, una cocina que es el sueño de cualquier chef, pantalla de proyección y los dormitorios exteriores para todos aquellos invitados y amigos que pasen allí unos días. Todo sucede en nueve niveles sobre el terreno y él vive en el punto más elevado, en la cima.

El dormitorio de Olaf. Foto: Anna R. Alós

Invertir en ideas

“Mi vida entera está dedicada a las campañas creativas y las estrategias con el

Fin de generar impacto. En Hippie Hill también he querido crear impacto y por eso he decidido construir algo sostenible, no quería una villa de cinco millones de euros. ¿Por qué debería tenerla cuando el 70% de mi tiempo lo paso en el exterior?

De pronto establece una relación entre arquitectura, espacio y tiempo para añadir: “Es una estupidez que la gente tenga villas de seis y diez millones de euros cuando solo pasan el 30% de su tiempo en ellas, han invertido en hormigón que apenas usan y que solo disfrutan en verano. El resto del tiempo es para cocinar, bailar, nadar, caminar, hacer el amor. O sea, vivir en el exterior, y en Ibiza eso se puede hacer muchos meses”.

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Expuso sus teorías en una conferencia en La Haya frente a 350 arquitectos a los que instó a reflexionar porque, dice, están equivocados. La base de su discurso fue que hay que dejar de invertir en ladrillos para invertir en ideas, sobre todo para espacios exteriores.

Dormitorio en el altillo. Foto: Anna R. Alós

Árboles como homenajes

En coherencia con su idea lo primero que hizo al dar forma a su propiedad fue plantar palmeras y asignó a cada una un nombre. La más alta es para su madre, Renata, alrededor están sus hermanos, colocados en función de la relación que mantiene con cada uno, y más allá su padre, un tanto apartado porque se separó de su madre.

La base del discurso de Brandenburg en La Haya fue que hay que dejar de invertir en ladrillos para invertir en ideas

“Él murió de coronavirus, pero yo lo tengo aquí para abrazarle siempre que quiera, igual que a todos los demás, o cuando me siento solo. Aunque no estoy solo nunca, siempre invito a gente especial para mí, y si estás bien contigo mismo nunca te sientes solo”.

Homenaje a su familia en los árboles. Foto: Anna R. Alós

En Hippie Hill se crean sinergias entre gente de todo el mundo con intereses comunes y lo que pretende su ideólogo es que sus invitados disfruten del lugar y de los momentos que pasen en él.

Conexión con la naturaleza

Si el asunto preferido de Olaf en primer lugar es crear espacios sostenibles conectados con la naturaleza para fomentar la cultura, el segundo, dice, es el sexo.

“Es algo positivo y de vez en cuando monto una fiesta erótica. En Berlín ya lo hacía, en una vieja casa de la familia. Las he montado en Sri Lanka, donde acabo de pasar seis meses, y era la primera vez que sabían del amor libre, algo que allí es una utopía ”, cuenta.

Por los rincones aparecen esculturas de divinidades hinduistas, “porque todas las religiones tienen algo que ofrecer”, añade.

Figuras hindúes entre la arena. Foto: Anna R. Alós

Entre los vecinos

Los vecinos de este insólito lugar son payeses que se llevan estupendamente con él, y mientras se recorre la montaña se oye el gruñido de los cerdos y el parpar de los pavos, un retazo de realidad en un lugar donde se intercambian ideas, se habla de literatura, de cine, de ciencia, se baila, se cocina, se charla, se escucha, se ríe y se hace el amor al aire libre.

Si Frank Lloyd Wright defendía que una casa ha de integrarse como un árbol en el paisaje, para Olaf Brandenburg son las camas las que se integran en los árboles, a modo de bucle de la teoría wrightiana.

a.
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